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¿Cómo he llegado hasta aquí?

 

No nací sabiendo hacer cerámica, ni siendo diseñadora gráfica, sabiendo hacer webs ni tampoco sabiendo cocinar los ñoquis deliciosos que hacía mi abuela. Todo esto y algunas cosas más, las he ido aprendiendo con los años. Probando. Ensayo, error. Lanzándome a descubrir las miles de cosas que siempre me entusiasmaron y de entrada creía que serían mis grandes pasiones. He amado la fotografía, el surf, tocar el ukelele, la cerámica… pero todo eso eran ideas. Ideas románticas que revoloteaban en mi mente acerca de lo que creía que eran esas disciplinas. Ideas que se sostenían antes de probar y adentrarme en cualquiera de esas artes pero que no siempre se correspondieron con la realidad. Quizá me hubiera encantado hacer surf pero… sinceramente, no era lo mío. Tampoco el ukelele. Tampoco muchas otras cosas y bueno, sí, ¿y qué? Había que probarlo, había que intentarlo. Lo mismo con los trabajos...

 

Todos (o la gran mayoría), nos hemos cuestionado mucho acerca de nuestro trabajo, hacia dónde vamos, qué estamos haciendo…

Siempre tuve una relación muy especial con la cocina y un poco a pesar de mi familia, al terminar la escuela me puse a estudiar cocina. Yo únicamente quería cocinar y es algo que hice durante un tiempo, tras los estudios de mi primer año, en grandes hoteles, eventos, caterings… Pero, la fuerza de la familia, ejerció el peso suficiente como para verme en cierto modo invitada (no diré forzada) a cambiar de rumbo y me puse a estudiar diseño gráfico. Me licencié y encontré un buen trabajo. De cara a la galería, de cara a los demás, mi vida profesional parecía plena, me ganaba muy bien la vida como diseñadora web y parece ser que se me daba bien. Era una de las pocas diseñadoras gráficas que tipeaba el código a mano, mi experiencia en varias startups me auguraban un futuro profesional prometedor, pero yo no me sentía feliz.

 

Recuerdo que todavía viviendo en Buenos Aires, seguía a varias cuentas de Flickr y me dí cuenta que muchos de los artistas y fotógrafos que admiraba, se conocían entre sí. Flickr era lo más cool del momento y ellos quedaban, se conectaban y yo simplemente estaba allí de espectadora. Envidiaba esa relación que tenían entre ellos y ansiaba secretamente estar dentro de ese mundo creativo pero me preguntaba a mí misma: ¿Qué tengo yo para ofrecer? ¿Qué puedo compartir? ¿Cuán interesante soy yo? Quería formar parte de ese mundo pero no sabía cómo...

 

En paralelo, y desde que terminé la facultad, siempre que se me ocurría una idea (y era una tras otra, mi cabeza pensante iba como loca…), investigaba, creaba una carpeta en mi ordenador, la comentaba con amigos, avanzaba un poco más y luego, tras un tiempo, ahí quedaba. Ideas y más ideas archivadas en carpetas. Algo que me frustraba enormemente porque nunca lograba terminar ningún proyecto.

 

En un momento dado, comencé a leer cada vez más y más libros de crecimiento personal y a adentrarme en un camino más espiritual. En muchos de los libros que leía por aquel entonces, me encontraba que la mayoría se referían a “tu don” y a cuestiones como “busca en tu interior” y yo me preguntaba: ¿dónde está el interior? ¿Cómo se hace eso? ¿Por dónde empiezo?


 

Conocí a mi primer coach en 2006 en Buenos Aires. En esa época yo no sabía muy bien qué era un coach pero empecé a acercarme hacia esta profesión, inicialmente como clienta para trabajarme a mí misma. A finales del 2008, ya en Barcelona y teniendo un buen trabajo, tuve una gran crisis que me impulsó a acercarme nuevamente a un coach, esta vez mucho más espiritual puesto que mi intención para aquel trabajo de exploración iba encaminada a descubrir mi lugar en este mundo.

 

Tras esa nueva experiencia con el coaching, me puse a estudiar para serlo yo también y con la ayuda de una compañera de curso, lancé mi proyecto más personal, NonaBruna donde despierto mi lado creativo y le doy poder a mis manos.

Eso sería el año..., Instagram todavía no existía y creé una página de Facebook donde hablaba de exposiciones de artistas inspiradoras, “La Fábrica de sueños”. Les daba voz, espacio… Y muy pronto la página llegó a los 36.000 seguidores.

 

Más tarde lancé unos workshops bajo el título “De ideas geniales a ideas reales, como usar internet para vivir de lo que amo” donde ayudaba a emprendedores a usar las herramientas de internet para llevar a cabo sus proyectos.

Tras un año en esto, me di cuenta de que mucho de lo que enseñaba, no lo estaba aplicando a mí misma y eso no me hacía sentir bien, no me sentía honesta así que lo dejé y me centré en reformular mi marca.

 

A los pocos años, lancé “Dream and Go”, otro proyecto similar de acompañamiento creativo pero que duró pocos meses. Sentía que me faltaba más, necesitaba ser más coherente conmigo misma así que me puse seria y realicé un programa para emprendedores al tiempo que consultaba con varios asesores financieros. Hice sesiones con propietarios de empresas, startups… Y regresé, a trabajarme personal y profesionalmente, con una nueva coach.  Al mismo tiempo, junto a una socia, creamos el proyecto “Elvira es la vida real” donde trabajamos durante más de una año (en Argentina y Barcelona) ayudando a emprendedores a encauzar sus talentos y convertirlos en negocios rentables. También he organizado varios retiros creativos, mis talleres de “jugar con barro” y la colaboración con Stay Hungry.

 

Han sido años de exploración, de buscar en mí misma para desarrollarme en distintas áreas que he creído estimulantes. Ayudarme para terminar ayudando a otros a descubrir, como yo misma hice, qué camino quieren seguir. Ayudar a lograr la acción, juntos, paso a paso, con empatía, encontrando fortalezas, fluyendo, sintiéndonos bien y con foco en la felicidad. Encontrar para ser una misma, aceptada, en tribu y haciendo de nuestros mayores talentos, ideas rentables.

 

Esta es mi historia. ¿Cuál es la tuya? ¿Te ayudo a seguir escribiéndola pero hacia donde realmente deseas? ¡Estaré encantada…!

 

Lola

 

NonaBruna es la marca de productos artesanales de Lola Giardino, diseñadora argentina afincada en Barcelona, que cocina, crea y moldea cerámica en su pequeño taller creando piezas únicas y con historia. 
La inspiración viene de sus dos maravillosas abuelas, La Nona y la Abuelina, de las que aprendió a apreciar las cosas hechas con paciencia y dedicación.

* La Nona, italiana, se mudó a Argentina durante la guerra, era modista de alta costura y convertía a delantales vestidos en desuso.
Los ñoquis de papa con mantequilla que preparaba cada vez que la visitábamos sigue siendo mi comida favorita.
La Abuelina, es pintora, cosía delantales, manoplas, agarraderas y otras cosas de cocina con retazos que obtenía por ahí.
Por ella aprendí a cocinar, entre tantas otras cosas.
En el 2011, luego de un viaje a Argentina, la abuelina me regaló unas cuantas telas, botones y puntillas antiguas, y de allí salieron los primeros delantales de la colección Nona Bruna.
En un inicio, la colección de NonaBruna incluía delantales, manteles, piezas de crochet y objetos de cerámica, todos pensados para acompañar comidas preparadas con amor.